Llamada a la resistencia costera

Hoy, va a ser el día en el que despertará más de un jardinero costero supuestamente condenado por la madre naturaleza a no tener el mejor jardín del mundo.

“Los jardines junto al mar se ahogan debido a la sal, se quedan desérticos por culpa del viento y son atacados por la arena”, decían.

Saquen las palas y las mangueras y enfúndense los guantes porque hemos descubierto el secreto para tener el jardín más resistente y bonito del mundo:

Para los que os guste el ambiente fiestero: colores llamativos

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Orgullo de madeira (Echium candicans) con sus maravillosas y grandes espigas coloridas dará un toque azul-púrpura al jardín. Crece en suelos pobres y no necesita prácticamente nada de agua adicional.

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Surcando de la tierra al mar

Jardín y Natura se inicia en el mundo del patrocinio de la vela ligera

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“Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín;”

[…]

¿Quién no ha recitado cientos de veces este poema en la escuela?

En Jardín y Natura compartimos el amor por el mar y la vela de José de Espronceda y lo demostramos patrocinando a regatistas de nivel como son Yannick Márquez o Adri Márquez.

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Una iglesia con vida propia

Si cuidar de vuestro propio jardín puede llegar a convertirse en una experiencia extrasensorial, ¿os imagináis lo que puede dar de sí cultivar una iglesia? Sí, sí. Plantando, regando y podando es como Barry Cox creó la New Zealand’s Tree Church.

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Después de viajar por el mundo y convertirse en un experto visitador de iglesias, Barry Cox decidió construir un espacio único donde los conceptos de religión y naturaleza se unieran de una forma mucho más fluida.

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La hizo florecer a partir de árboles que él mismo trasplantó: eligió diferentes variedades y las plantó imitando la forma de una iglesia. Para las paredes utilizó leptospernums por su color rosa palo y el techo lo fabricó con alisos que, gracias a su escaso follaje, dejan entrar la luz de forma natural en el espacio.

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Hoy en día,  la iglesia está abierta para bodas y eventos y tiene capacidad para acoger hasta un centenar de invitados. En los terrenos de Cox también se puede pasear por los jardines y por un laberinto de estilo medieval.

Con una iglesia así, cualquier Don Juan se replantearía lo de casarse.