Barcelona baila la llegada de la primavera

El Festival Viñapolen celebra su primera edición con más de 200.000 asistentes.03.20.17.JPGLa primavera se ha estrenado en la primera edición del Festival Viñapolen de Barcelona reuniendo a 20 grupos musicales y a más de 200.000 bichos.

La cuenta atrás primaveral escondía, tras las cortinas del escenario, a grandes grupos como PolenDuro, De flor en flor, Anti Insecticidas y Tulipans&Roses.

^0C0F1732B6AA4AB7DDC1B9659461BEE112BC850A1CB6255289^pimgpsh_fullsize_distr.jpgSegún fuentes de la organización, el festival ha resultado ser un gran éxito ya que “cada uno ha aportado su granito de arena”. En 2016, cuatro bichos aficionados a la música decidieron abrir un crowdfunding con el fin de crear dicho festival, consiguiendo una suma total de 1 millón de semillas.

Aún siendo la música el gran protagonista del acontecimiento, los bichos también han podido disfrutar de muchas actividades y de barra libre de polen especialmente extraído de campos plantados para la ocasión.

“Ha sido toda una experiencia disfrutar de este momento rodeado de compañeros y flores tan sabrosas” explicaba Lisa McFlower, batería del grupo PolenDuro.  El buen tiempo y los buenos ánimos han permitido dar la bienvenida a la primavera celebrando, por primera vez en la historia, un festival en su nombre.

Llamada a la resistencia costera

Hoy, va a ser el día en el que despertará más de un jardinero costero supuestamente condenado por la madre naturaleza a no tener el mejor jardín del mundo.

“Los jardines junto al mar se ahogan debido a la sal, se quedan desérticos por culpa del viento y son atacados por la arena”, decían.

Saquen las palas y las mangueras y enfúndense los guantes porque hemos descubierto el secreto para tener el jardín más resistente y bonito del mundo:

Para los que os guste el ambiente fiestero: colores llamativos

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Orgullo de madeira (Echium candicans) con sus maravillosas y grandes espigas coloridas dará un toque azul-púrpura al jardín. Crece en suelos pobres y no necesita prácticamente nada de agua adicional.

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JARDINES TERAPÉUTICOS

Plantar, regar, arrancar… estas son solo 3 de las muchas actividades que hacen las personas que padecen autismo en un Jardín de los Sentidos.

El autismo es un trastorno psicológico que daña la capacidad que tienen las personas a la hora de comunicarse y relacionarse entre sí. Actualmente, se diagnostica autismo en 1 de cada 68 individuos y en 1 de cada 42 niños varones; más común que los casos de cáncer, diabetes y SIDA. No tiene cura, pero se sigue innovando e investigado en terapias que disminuyan la tendencia asocial de los pacientes. Un ejemplo son estos jardines, donde se practican actividades que estimulan y equilibran los 5 sentidos; los pacientes consiguen mejorar la percepción que tienen de las cosas. Las plantas y los vegetales son ideales para conseguir este estímulo gracias a sus formas, texturas, colores y olores; estas actividades logran una reducción del trastorno hasta la mitad. “Los niños con autismo le tienen manía a tocar ciertas cosas. Parte de la terapia es manipular la tierra, que se le quite esa aversión, al tiempo que trabajamos otras áreas”, explica el doctor Nicolás Linares, director del Instituto Filius de la Universidad de Puerto Rico. 

Estos jardines se han ido multiplicando en América y en Europa; por ejemplo, en Anger, el Institut d’éducation Motrice inauguró en septiembre de 2013 su primer jardín sensorial. 

Los servicios que antes recibían los niños en oficinas, usando materiales artificiales, se sustituyen ahora por el contacto directo con la naturaleza.

Surcando de la tierra al mar

Jardín y Natura se inicia en el mundo del patrocinio de la vela ligera

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“Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín;”

[…]

¿Quién no ha recitado cientos de veces este poema en la escuela?

En Jardín y Natura compartimos el amor por el mar y la vela de José de Espronceda y lo demostramos patrocinando a regatistas de nivel como son Yannick Márquez o Adri Márquez.

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Una iglesia con vida propia

Si cuidar de vuestro propio jardín puede llegar a convertirse en una experiencia extrasensorial, ¿os imagináis lo que puede dar de sí cultivar una iglesia? Sí, sí. Plantando, regando y podando es como Barry Cox creó la New Zealand’s Tree Church.

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Después de viajar por el mundo y convertirse en un experto visitador de iglesias, Barry Cox decidió construir un espacio único donde los conceptos de religión y naturaleza se unieran de una forma mucho más fluida.

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La hizo florecer a partir de árboles que él mismo trasplantó: eligió diferentes variedades y las plantó imitando la forma de una iglesia. Para las paredes utilizó leptospernums por su color rosa palo y el techo lo fabricó con alisos que, gracias a su escaso follaje, dejan entrar la luz de forma natural en el espacio.

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Hoy en día,  la iglesia está abierta para bodas y eventos y tiene capacidad para acoger hasta un centenar de invitados. En los terrenos de Cox también se puede pasear por los jardines y por un laberinto de estilo medieval.

Con una iglesia así, cualquier Don Juan se replantearía lo de casarse.

Los bichos van a la escuela

Hace unos días se puso en contacto con jardín y natura una profesora de la escuela Jesuitas de Gracia, en Barcelona, pidiendo información sobre uno de nuestros productos.

Estuvimos hablando con ella y nos gustó tanto lo que nos contó sobre el proyecto jardinero que llevan a cabo en el colegio que fuimos con nuestros bichos a visitarlos.

Al llegar a la escuela nos quedamos muy sorprendidos cuando vimos que tienen dos huertos ecológicos chulísimos y que los encargados de que estos den frutos son única y exclusivamente los alumnos. En concreto los de tercero y quinto de parvulario y los de quinto de primaria.

“Plantamos, trabajamos y recogemos” se llama el proyecto y ganó el Premio escuela agricultura y alimentación ecológica, de la Associació Vida Sana y la Generalitat de Catalunya. El objetivo principal de este es acercar al alumno a la parte de la naturaleza que tiene relación con su alimentación y calidad de vida. Para ello, estudian la tierra, crean su propio compost, estudian el clima y la temporalidad de cada alimento.

Los bichos pudieron observar muy de cerca patatas, fresas,  plantas aromáticas, guisantes… “No me lo comí por respeto a la escuela, porque realmente tenía todo muy buena pinta” afirma la mariquita.

3, 2, 1… ¡Feliz primavera nueva!

No os vais a creer lo que me pasó el fin de semana. La noche del sábado al domingo, a eso de las tres y media de la madrugada abrí un ojo y empecé a oír música. Los vecinos, imaginé. Me levanté y miré por la ventana. Nada en la calle. Bajé al comedor y el volumen aumentó. No entendía nada. Al darme la vuelta me di cuenta de que la música provenía de mi jardín…

¡Los bichos de mi patio habían montado una fiesta para celebrar la llegada de la primavera!

Los animales, lejos de asustarse o sorprenderse, me invitaron a que me quedase a “la cuenta atrás”. ¿La cuenta atrás? Resulta que en vez de celebrar el cambio de año como los humanos, los insectos celebran el año nuevo cuando llega la primavera.

“3, 2, 1… ¡Feliz primavera nueva!”

Brindamos, yo con una cervecita que me acabé abriendo y ellos con un destilado de polen que preparan para estas ocasiones, bailamos y acabamos viendo amanecer.

Hice varias fotos pero estas son las dos únicas que me han dejado colgar. Se ve que tienen una reputación dentro del mundo de los bichos que no les gustaría perder…

Les pasé mi móvil y les dije que cuando tuviesen un hueco en la agenda me gustaría entrevistarlos para que me explicasen un poco más sobre sus vidas. En cuanto tenga noticias de mis nuevos amigos os cuento…

Hasta más posts y ¡feliz primavera nueva!